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¿Harías lo que sea por tu familia?
diciembre 2, 2025Hay una etapa en la relación donde casi todo parece fácil: la conquista.
Queremos mostrar lo mejor de nosotros, sorprender, cuidar, enamorar. Invertimos energía, creatividad, presencia emocional. Nos mostramos curiosos, atentos y, sobre todo, disponibles.
Y luego… justamente cuando la relación se consolida, cuando ambos se sienten seguros, cuando “ya está”, muchas personas cometen un error que parece silencioso pero que puede resultar devastador:
- Se relajan.
- Dejan de esforzarse.
- Asumen que el vínculo se sostendrá solo porque ya existe.
Pero ninguna relación se mantiene viva solo con lo que hicieron al principio.
Cuando llega la seguridad, llega también el riesgo
La seguridad emocional es hermosa: trae calma, confianza y estabilidad. El problema es confundir esa seguridad con permiso para dejar de cultivar la relación.
Muchas personas, una vez que sienten que la pareja “ya está conquistada”, bajan la guardia emocional. Entonces dejan de demostrar interés, van dejando apagar la curiosidad por el otro y asumen que el vínculo “funciona solo”.
Incluso dejan de conquistar, seducir o cuidar y comienzan a priorizar todo lo demás antes que la relación.
Y la relación empieza a apagarse no por falta de amor, sino por falta de presencia.
Estar seguro no significa dejar de intentar
Hay una parte de la psicología del vínculo que es clara: el amor necesita movimiento. Necesita ser alimentado, validado, expresado.
«La pareja no es el lugar donde uno se relaja hasta desaparecer. Es el lugar donde uno se siente seguro para seguir dando lo mejor de sí».
Una relación sana no se basa en “me esforcé hasta que me dijo que sí” sino en: “Me esfuerzo porque te elijo cada día”.
Si solo damos lo mejor durante la conquista, entonces no amamos: competimos. Y una vez “ganado el premio”, sentimos que ya no hace falta esforzarse.
Pero definitivamente el amor no funciona así.
La mejor versión no es una pose, es una construcción
Tu mejor versión no es algo que muestras solo para enamorar. Es algo que construyes para sostener un vínculo maduro, respetuoso y vivo.
Mostrar tu mejor versión dentro de la relación implica:
- Seguir cuidando el lenguaje emocional.
- Tener interés por lo que el otro siente y piensa.
- Mantener pequeños gestos de cariño y conexión.
- Hacer espacio para la intimidad, el deseo y la complicidad.
- Evitar caer en la monotonía emocional.
- Ser consciente de que el otro sigue siendo una persona que desea sentirse elegida.
La pareja no es una estación final. Es una casa que se construye todos los días.
¿Por qué algunas personas se relajan demasiado?
No es falta de amor. Suele ser falta de conciencia emocional.
Muchas personas creen que si ya son amadas, no necesitan esforzarse; si ya hay una pareja consolidada, no hace falta decir nada más; o que el amor verdadero no requiere trabajo y esfuerzo.
Pero estas creencias dañan el vínculo, porque parten de la idea errónea de que la relación se sostiene sola. El amor no se agota. Pero sí se descuida.
El vínculo se construye en la constancia, no en el inicio
Cuando estás enamorado y la relación se siente segura, ahí es donde más necesitas cuidar.
Porque ese es el momento donde se forman los hábitos que definirán la calidad del vínculo:
- cómo se hablan,
- cómo se acompañan,
- cómo gestionan los conflictos,
- cómo cuidan lo íntimo y lo cotidiano.
El amor necesita demostraciones pequeñas, consistentes y honestas. No grandes gestos una vez al año.
Si estás en una relación, pregúntate:
- ¿Estoy dando por hecho al otro?
- ¿Estoy mostrando mi mejor versión… o me relajé demasiado?
- ¿Estoy invirtiendo en la relación o esperando que se sostenga sola?
- ¿Elijo a mi pareja cada día o solo la recuerdo cuando tengo miedo de perderla?
Responder con honestidad puede ser un punto de inflexión.
Una relación no se cuida sola: la cuidamos nosotros
Y eso no significa vivir en alerta, ni “hacer méritos”, ni compensar inseguridades. Significa estar presentes, ser conscientes y comprender que lo que se construye con amor se mantiene con intención.
«La relación florece cuando ambos se siguen eligiendo, no solo al principio, sino también después… cuando la vida se vuelve rutina y el enamoramiento inicial se transforma en amor real».
Si quieres trabajar cómo sostener una relación sana, madura y recíproca, o si sientes que te has relajado demasiado (o que tu pareja lo ha hecho), podemos explorarlo juntas en terapia.
El amor crece cuando se cuida. Y para cuidarlo, primero hay que verlo.
¿Agendamos una sesión?
Tu amiga,
María Luisa Cuenca
@marilupsico
+54 9 11 2773-8743
marilupsico27@gmail.com



