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noviembre 11, 2025A medida que crecemos y evolucionamos emocionalmente, algo comienza a transformarse de manera silenciosa pero profunda: nuestras relaciones.
Lo que antes nos unía a muchas personas ya no se siente igual, y quienes solían estar presentes en cada paso del camino, poco a poco, empiezan a alejarse.
Al principio, esta distancia puede doler. Nos preguntamos si hicimos algo mal, si nos volvimos más exigentes o si, de alguna forma, hemos cambiado “demasiado”.
Pero la verdad es que no siempre se trata de pérdida, sino de transformación. Cuando maduramos, no solo cambian nuestras metas, sino también la forma en la que queremos vincularnos.
La evolución interior también reordena lo que está afuera
«El crecimiento personal trae consigo una consecuencia inevitable: nuevas formas de percibir y elegir».
Cuando comienzas a conocerte mejor, a poner límites y a cuidar tu energía, ya no puedes sostener los mismos vínculos desde los mismos lugares. Las relaciones que se mantenían por costumbre, dependencia o miedo a estar solo empiezan a perder fuerza.
Y no porque esas personas sean “malas” o porque tú seas “mejor”, sino porque la frecuencia emocional ya no coincide. Lo que antes se sostenía desde la necesidad, ahora exige coherencia. Lo que antes tolerabas, hoy te pesa. Lo que antes callabas, ahora quieres decir.
En ese cambio hay un reajuste natural: algunas relaciones se fortalecen y se vuelven más auténticas; otras simplemente se disuelven.
No todas las pérdidas son negativas
Existen vínculos que, aunque duelan, necesitan cerrarse. Son esas relaciones que en una etapa anterior te ayudaron a crecer, pero que hoy generan más desgaste que bienestar.
Soltar no significa olvidar, sino agradecer lo que fue y reconocer que ya cumplió su ciclo.
Otras veces, las relaciones no terminan con conflictos ni rupturas. Simplemente se apagan. Las conversaciones se vuelven más esporádicas, los intereses ya no coinciden y las prioridades cambian. Es un proceso silencioso, pero también natural.
«No todo distanciamiento implica abandono; a veces es solo una forma de decir “nuestros caminos son distintos ahora”».
El valor de elegir relaciones conscientes
Tener menos vínculos no es señal de aislamiento, sino de madurez emocional. Significa que has aprendido a priorizar la calidad sobre la cantidad, el vínculo real sobre la presencia constante.
Las relaciones sanas no se miden por la frecuencia de los mensajes, sino por la profundidad de la conexión, la reciprocidad y la tranquilidad que generan.
Aceptar que no todos pueden acompañarte en tu evolución es un acto de respeto hacia ti mismo. Es entender que las relaciones que realmente te suman no son las que exigen que te apagues, sino las que te invitan a ser más tú.
Crecer no es perder, es transformarse
A veces tener menos vínculos no es un síntoma de soledad, sino de claridad.
Significa que estás aprendiendo a elegir desde la conciencia y no desde la necesidad, desde la afinidad y no desde el miedo a quedarte solo.
Cada persona que se va deja espacio para nuevos encuentros, más afines a tu presente y a la versión que estás construyendo.
Porque crecer también es elegir distinto, sin culpa.
Y aunque el proceso duela, al final comprendes que no se trata de cuántas personas te rodean, sino de cuántos vínculos auténticos te sostienen.
Tu vida se vuelve más ligera, tus relaciones más reales y tú… más tú.
María Luisa Cuenca
@marilupsico
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