
No hagas esto mientras estés soltera (y buscando una relación)
octubre 14, 2025
No te autoengañes: el amor y la química se sienten o no
octubre 28, 2025¿Alguna vez has sentido miedo de que te dejen, incluso cuando todo parece ir bien?
¿Has notado que, aunque tu pareja te demuestra amor, una parte de ti sigue dudando, revisando si aún te quiere o si en cualquier momento va a desaparecer?
¿Te cuesta confiar, soltar el control o disfrutar sin la sensación de que algo malo va a pasar?
Si te reconoces en esto, no estás “dañado”. Solo estás repitiendo una historia emocional que comenzó mucho antes de que te enamoraras por primera vez: la historia de tu infancia.
Las heridas de la infancia se disfrazan de comportamientos adultos
De niños aprendemos qué significa amar y ser amados. Aprendemos si nuestras emociones son válidas o si debemos ocultarlas, si pedir atención es seguro o arriesgado, si el cariño se recibe por ser o por merecerlo.
«Cada una de esas experiencias deja una huella. Y aunque muchas veces no las recordemos de manera consciente, esas huellas se manifiestan en cómo elegimos pareja, cómo nos comunicamos y cómo enfrentamos el miedo al rechazo o al abandono».
Lo que no sanamos, lo repetimos. Solo que ahora ya no lo hacemos con mamá o papá, sino con nuestras parejas, amigos e incluso con nuestros propios hijos.
Heridas que marcan la forma en que amamos
- Herida de abandono
- Si de niño sentiste que te dejaron solo, física o emocionalmente, es probable que hoy temas que te vuelvan a dejar. Te adaptas, complaces o toleras lo que no deberías, solo para no revivir esa soledad.
- Si de niño sentiste que te dejaron solo, física o emocionalmente, es probable que hoy temas que te vuelvan a dejar. Te adaptas, complaces o toleras lo que no deberías, solo para no revivir esa soledad.
- Herida de rechazo
- Si creciste sintiendo que no eras suficiente, tal vez vivas con miedo a no ser elegido. Te comparas, dudas de ti y escondes tu vulnerabilidad por temor a ser descartado.
- Si creciste sintiendo que no eras suficiente, tal vez vivas con miedo a no ser elegido. Te comparas, dudas de ti y escondes tu vulnerabilidad por temor a ser descartado.
- Herida de humillación o injusticia
- Si tus emociones fueron ridiculizadas o tus límites ignorados, quizás ahora te cueste expresarte o creer que tienes derecho a pedir. Te acostumbras a minimizar lo que sientes.
- Si tus emociones fueron ridiculizadas o tus límites ignorados, quizás ahora te cueste expresarte o creer que tienes derecho a pedir. Te acostumbras a minimizar lo que sientes.
- Herida de traición o desconfianza
- Si las figuras importantes te fallaron, es posible que hoy esperes la decepción antes de que ocurra. Y sin darte cuenta, te adelantas al abandono alejándote tú primero.
Estas heridas no desaparecen con el tiempo. Se transforman en patrones de apego y en mecanismos de defensa que buscan protegernos, aunque muchas veces terminan haciéndonos daño.
El apego: la herencia emocional de nuestra infancia
Tu estilo de apego refleja la manera en que te relacionaste con quienes debían cuidarte.
Si el amor fue inestable, hoy probablemente vivas la ansiedad del “¿me van a dejar?”. Si aprendiste que no debías necesitar a nadie, puede que hoy mantengas distancia emocional para no volver a sufrir.
Pero el apego no es una condena. Es un mapa emocional. Y en terapia, ese mapa puede reescribirse.
La buena noticia: las heridas sí pueden sanar
«Sanar no significa borrar el pasado, sino entender cómo ese pasado sigue actuando en tu presente».
Significa mirar con compasión al niño que fuiste y ofrecerle, desde tu adultez, lo que antes no tuvo: atención, validación, contención y amor incondicional.
Cuando comienzas a hacerlo, algo cambia profundamente. Dejas de mendigar amor, de tener miedo a que te abandonen. Y empiezas a construir vínculos donde el amor no duele, se comparte.
Tu historia puede cambiar
Ninguna herida de la infancia te define para siempre. Pero reconocerla es el primer paso para dejar de repetirla.
Si sientes que estás atrapado en los mismos patrones, que tus relaciones se llenan de ansiedad, o que amar se ha vuelto agotador, la terapia puede ser ese espacio seguro donde comiences a reconstruirte.
Sanar no es olvidar lo que viviste. Es recordarlo con amor, integrar lo aprendido y avanzar con libertad.
Sanemos juntas tus heridas.
María Luisa Cuenca
@marilupsico
+54 9 11 2773-8743
marilupsico27@gmail.com



