
Cuando sientes que no avanzas: la trampa de la autoexigencia constante
diciembre 9, 2025E-Book
febrero 3, 2026Cada inicio de año —o cada nuevo comienzo— aparece la misma escena: listas interminables de objetivos, promesas ambiciosas, exigencias elevadas y una sensación de que esta vez sí, todo tiene que salir perfecto. Queremos cambiar de vida, de cuerpo, de trabajo, de vínculos y de versión personal en pocos meses.
Y, sin darnos cuenta, muchas veces nos ponemos metas que no están pensadas para lograrse, sino para confirmarnos que no somos suficientes.
El autoengaño detrás de las metas imposibles
No todas las metas nacen del deseo genuino de crecer. Algunas nacen del miedo, de la comparación o de la necesidad de demostrar valor.
«Cuando una meta es desmedida, rígida o desconectada de nuestra realidad emocional, suele cumplir otra función: mantenernos ocupados persiguiendo algo inalcanzable para no tener que mirar lo que realmente nos pasa».
A veces no queremos cambiar, queremos castigarnos. Queremos “ser mejores” porque, en el fondo, sentimos que tal como somos no alcanzamos.
La trampa del perfeccionismo y la autoexigencia
El perfeccionismo suele disfrazarse de ambición, pero muchas veces es una forma sofisticada de autosabotaje.
Metas como:
- “Nunca más voy a fallar”
- “Tengo que poder con todo”
- “Este año sí o sí tengo que lograrlo todo”
No contemplan el cansancio, las emociones, los imprevistos ni la vida real. Y cuando inevitablemente no se cumplen, aparecen las autocríticas: no puedo, no tengo constancia, siempre abandono.
Así, el ciclo se repite: exigencia → frustración → culpa → abandono.
Metas que no son tuyas
Otro motivo frecuente de sabotaje es perseguir objetivos que no nacen de ti, sino de lo que deberías ser según otros.
Metas dictadas por mandatos sociales, familiares o culturales: tener cierto tipo de éxito, cierto cuerpo, cierta pareja, cierta estabilidad en tiempos irreales.
«Cuando una meta no conecta con tu deseo profundo, el cuerpo lo sabe. Por eso cuesta sostenerla, por eso aparece la resistencia, el cansancio o la procrastinación».
No es falta de disciplina. Es falta de sentido.
El miedo al cambio real
Paradójicamente, sabotearse también puede ser una forma de protección.
Cumplir una meta verdadera implica transformarte, dejar atrás versiones conocidas de ti, revisar vínculos, hábitos, identidades. Y eso da miedo.
A veces es más seguro fallar en una meta imposible que lograr una meta que nos obligue a vivir distinto. El sabotaje no siempre es pereza. Muchas veces es miedo.
Cómo dejar de sabotearte este año
Evitar el autosabotaje no empieza con más fuerza de voluntad, sino con más honestidad emocional.
Empieza por preguntarte:
- ¿Esta meta nace del deseo o de la exigencia?
- ¿Estoy intentando cambiar para crecer o para dejar de sentir culpa?
- ¿Esta meta cuida mi salud mental o la pone en riesgo?
Transformar la forma en que te propones objetivos implica cambiar el vínculo contigo.
Algunas claves fundamentales:
Permítete metas humanas, no ideales. Metas que contemplen procesos, pausas y errores.
Conecta con el para qué, no solo con el qué. Una meta sin sentido emocional se abandona tarde o temprano.
Divide el camino en pasos posibles. El cerebro necesita sentir progreso, no presión constante.
Incluye el autocuidado como parte del objetivo. No como premio final, sino como condición de sostén.
Y, sobre todo, revisa la voz con la que te hablas cuando no cumples. Ahí suele estar la raíz del sabotaje.
Cambiar el año no cambia nada si no cambias la relación contigo
No necesitas un año perfecto. Necesitas un año más honesto, más amable y más alineado contigo.
Cuando dejas de ponerte metas para castigarte y empiezas a proponerte procesos para cuidarte, algo se ordena internamente. La motivación deja de venir del miedo y empieza a nacer del respeto.
Este año no se trata de exigirte más. Se trata de saberte acompañar mejor. Y si sientes que siempre repites el mismo ciclo de metas, frustración y culpa, la terapia puede ser un espacio para entender por qué y empezar a construir objetivos que sí puedas —y quieras— sostener.
Porque crecer no debería ser una carga, sino una satisfacción.
María Luisa Cuenca
@marilupsico
+54 9 11 2773-8743
marilupsico27@gmail.com



