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Rigidez: cuando el miedo al cambio se disfraza de control
julio 22, 2025“No quiero una relación como la de mis padres”,
“Jamás permitiría que alguien me hable así”,
“Yo no soy de esas personas que aguantan por miedo a estar solas”.
Y sin embargo, ahí estás: tolerando, justificando, repitiendo.
Las personas no repetimos patrones porque queramos conscientemente. Lo hacemos porque, en muchos casos, eso que repetimos es lo único que aprendimos. La forma en que nos vincularon de niños —o en relaciones anteriores— se convirtió en el molde con el que construimos nuestros vínculos afectivos.
«Aunque sepamos que algo no nos hace bien, aunque lo rechacemos con fuerza, si no lo trabajamos profundamente, nos seguirá guiando en silencio».
¿Qué son los patrones afectivos?
Un patrón es una secuencia que se repite. En el caso de las relaciones, se trata de dinámicas que volvemos a vivir una y otra vez, incluso con personas diferentes. Son como caminos emocionales que conocemos de memoria, incluso si nos llevan al mismo lugar de malestar.
Hay quienes, por ejemplo, siempre terminan con parejas que los invalidan. Otros, con personas que no están disponibles emocionalmente. Algunos se involucran con personas que dependen de ellos o que los hacen sentir insuficientes. Y aunque después del dolor se prometen “nunca más”, terminan en relaciones similares.
¿Por qué ocurre esto?
Lo que nos es familiar, nos resulta seguro
El ser humano tiende a buscar lo familiar. Y lo familiar no siempre es lo sano. Si creciste viendo que el amor se demuestra con sacrificio, es probable que en tu adultez pienses que si no duele, no es amor. Si aprendiste que expresar tus emociones generaba conflicto o rechazo, es posible que ahora te calles por miedo a perder al otro. Si viste que alguien debía ceder siempre para que la relación funcione, puede que te toque ese rol una y otra vez, incluso sin darte cuenta.
«Desde la infancia, nuestro cerebro graba lo que significa “amar” y “ser amado”, y lo hace observando y experimentando».
Cuando llegamos a la adultez, buscamos inconscientemente reproducir ese mapa afectivo. No por masoquismo, sino porque es lo que sabemos hacer. Incluso cuando duele, hay una extraña sensación de control en repetir lo conocido.
Las heridas no elaboradas eligen por nosotros
Otra razón por la que repetimos patrones es que muchas de nuestras decisiones afectivas no se toman desde la parte racional, sino desde nuestras heridas.
Si no sanamos el abandono, es probable que terminemos en relaciones en las que siempre sentimos que nos dejan. Si no sanamos el rechazo, buscaremos constantemente demostrar que somos dignos de ser amados, aunque eso implique sobreesforzarnos por personas que no nos corresponden. Si no sanamos la traición, viviremos la relación desde la sospecha, la vigilancia o el autosabotaje.
Lo que no resolvemos se activa. Y lo que se activa, tiende a proyectarse en el otro. Muchas veces no es la pareja la que reproduce el daño, sino nosotros mismos, al actuar como si aún estuviéramos atrapados en una historia antigua.
«Repetimos para ver si esta vez es diferente. Para comprobar si esta vez sí merecemos amor. Pero el patrón se repite porque no estamos cambiando la raíz».
El miedo a lo desconocido
También hay algo muy humano en la repetición: el miedo. El miedo a elegir diferente, a soltar lo que conocemos, a enfrentarnos a una nueva forma de amar que no se sienta tan intensa, tan urgente, tan dramática.
Algunas personas confunden el amor con el descontrol emocional. O creen que el verdadero vínculo es aquel que los sacude. Así, cuando encuentran una relación estable y sana, sienten aburrimiento o desconfianza. Y vuelven al ciclo de siempre: el conflicto, la reconciliación, la angustia, la esperanza.
Aprender a amar desde otro lugar implica tolerar el vacío de lo nuevo. Implica dar tiempo al vínculo para que florezca sin la adrenalina de lo tóxico. Requiere paciencia, autoconocimiento y disposición para romper la inercia.
Romper un patrón no es rápido, pero es posible
La buena noticia es que los patrones no son destinos inevitables. Son huellas que pueden desdibujarse con trabajo interior, conciencia y ayuda profesional si es necesario. No basta con querer algo diferente, hay que aprender a construirlo.
Y eso a veces duele, porque implica revisar el pasado, cambiar hábitos emocionales y asumir responsabilidades.
No cambiarás tus patrones por prometerte no repetirlos. Lo harás cuando te comprometas con la versión de ti que ya no necesita validarse desde el dolor, que ya no confunde amor con sacrificio, que puede reconocer lo sano aunque al principio no lo entienda.
Tu historia no tiene por qué ser una repetición. Puede ser una evolución.
Hablemos de esos patrones que estás repitiendo y que te alejan de tu verdadero ser. Busquemos una respuesta más saludable y parecida a lo que realmente quieres para tu vida.
Te espero, en un espacio creado exclusivamente para ti.
Tu amiga,
María Luisa Cuenca
@marilupsico
+54 9 11 2773-8743
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