
Por qué terminas haciendo lo que dijiste que no ibas a hacer en tu pareja
julio 15, 2025
La comodidad de lo incómodo
agosto 5, 2025En la vida, pocas cosas son constantes. El cambio es inevitable. Y sin embargo, no todos estamos preparados para aceptarlo con la misma facilidad.
La rigidez, desde una perspectiva psicológica, es esa tendencia a resistirse a los movimientos naturales de la vida. Es la necesidad de que todo se mantenga igual, aún cuando todo a nuestro alrededor pide una transformación.
¿Qué entendemos por rigidez?
La rigidez no es solo una preferencia por la rutina o una inclinación a lo conocido. Es una respuesta emocional defensiva frente a la incertidumbre. Una forma de protegerse del miedo, del dolor, del caos que puede traer lo nuevo.
En muchas personas, esta rigidez se presenta como una resistencia a cambiar de opinión, de costumbres, de vínculos o de visión de vida, incluso cuando las circunstancias han cambiado drásticamente.
Quienes son rígidos no necesariamente lo hacen por capricho. La mayoría de las veces, detrás de esta actitud hay un intento desesperado de controlar el entorno para no sentirse vulnerables.
«Cambiar implica soltar. Y soltar implica perder cierto control. Ahí aparece el conflicto».
El origen de la rigidez: miedo, trauma o costumbre
La rigidez psicológica suele tener raíces profundas. A veces, se forma en la infancia, en contextos donde cambiar de opinión o equivocarse tenía consecuencias negativas. Otras veces surge como reacción a situaciones traumáticas donde adaptarse fue percibido como peligroso.
También puede instalarse con los años, alimentada por creencias limitantes como “si me abro al cambio, sufriré”, o “si me equivoco, pierdo valor”. En otras ocasiones, la rigidez es cultural: aprendemos a hacer las cosas “como se han hecho siempre”, y salirse del molde es visto como una amenaza, más que una oportunidad.
¿Cómo se manifiesta la rigidez?
- Cuando alguien insiste en tener siempre la razón, aún ante evidencia en contra.
- Cuando los cambios de rutina generan malestar o ansiedad desproporcionada.
- Cuando una persona se niega a aceptar nuevas ideas o perspectivas.
- Cuando la vida pide adaptarse, pero la respuesta siempre es resistencia, crítica o negación.
En terapia, muchas veces vemos que detrás de esa rigidez hay emociones contenidas: miedo, angustia, inseguridad. Y también historias no resueltas que han convencido a esa persona de que el cambio es peligroso.
¿Qué consecuencias tiene vivir con rigidez?
La rigidez impide el crecimiento personal. Afecta las relaciones, ya que dificulta la empatía y el diálogo. También puede generar una sensación de estancamiento vital: la persona siente que no avanza, que no evoluciona, que vive en automático.
«Y cuando inevitablemente la vida cambia —porque siempre lo hace—, el impacto emocional puede ser más fuerte, precisamente porque no se estaba preparado para transitarlo».
¿Cómo empezar a flexibilizarse?
No se trata de volverse impulsivo o sin estructura. Se trata de reconocer que podemos tener estructura y apertura al mismo tiempo. Que podemos sostener nuestras ideas y también revisarlas. Que no perdemos valor por cambiar, sino que muchas veces nos transformamos en nuestra mejor versión cuando lo hacemos.
La terapia puede ser un espacio clave para trabajar la rigidez. Explorar su origen, cuestionar los miedos que la alimentan y construir nuevas herramientas emocionales para navegar los cambios de forma más saludable.
Porque adaptarse no es ceder. Es crecer.
Y aprender a fluir con la vida no es perder el control: es descubrir que podemos vivir con mayor libertad, autenticidad y paz interior.
Vamos por eso… Te espero. Estoy para acompañarte,
María Luisa Cuenca
@marilupsico
+54 9 11 2773-8743
marilupsico27@gmail.com



